Psicología

Ansiedad

 














Tengo ansiedad, siento angustia

¿Cuántas veces hemos oído o hemos dicho alguna de estas dos cosas?

Seguramente con cierta frecuencia y en distintos contextos.

¿Es normal tener ansiedad, sentirnos angustiados?

La definición de ansiedad nos describe un estado generalizado de activación que se caracteriza por una gran inquietud, una intensa excitación y una extrema inseguridad.

El ser humano, sobre todo las personas que habitan entornos urbanos (aunque no exclusivamente), en un gran porcentaje ya han experimentado o van a experimentar esta sensación a lo largo de su vida.

La vida nos plantea todo tipo de retos constantemente. Unos más sencillos que otros, unos más importantes que otros.

¿Cuándo? ¿En qué situaciones puedo tener ansiedad?

Habitualmente, la ansiedad aparece en situaciones en las que nos encontramos sobrepasados.

Unas veces porque son situaciones nuevas a las que nunca nos hemos enfrentado (incertidumbre), otras veces en casos de estrés acusado por exigencias laborales, condicionantes sociales y/o familiares, en otros casos son situaciones que ponen sobre la mesa nuestras capacidades o habilidades (un examen, una entrevista de trabajo, iniciar una relación, tener un hijo, etc.), y en otros casos cuando varias de las situaciones anteriores suceden a la vez.

Como animales sociales que somos, respondemos a esos retos según ciertos parámetros: lo que sé, (mi educación, mi bagaje cultural, mis conocimientos previos, mi formación), lo que he aprendido hasta ese momento (qué hice en situaciones similares anteriores y qué resultado tuve), mi temperamento, mi filosofía de vida, mis valores, mi moral, lo que creo que se espera de mí…

El medio en el que vivimos, nos exige dar respuesta a esos retos, solucionarlos de forma eficaz, casi siempre bajo condiciones de presión.

Presión en que lo hagamos con rapidez, presión en que nuestra respuesta tenga que ser innovadora y original, o justo lo contrario, presión en que nuestra solución se ajuste a las “expectativas” de nuestro núcleo social (mis padres, mis jefes, mis compañeros, mis amigos…) y la presión que en algunos casos añadimos nosotros, si tenemos un nivel elevado de autoexigencia.

La necesidad de salir airosos en todas las ocasiones y demostrar nuestra valía, ante los demás y ante nosotros mismos, sumado a los condicionantes anteriores, puede producir que una determinada situación (o la combinación de varias circunstancias) nos sobrepase.

¿Qué sucede entonces?

Nuestro organismo, en continua relación con el entorno, responderá con toda probabilidad a esta encrucijada, activando un estado ansioso, (de alerta y de incertidumbre), porque no somos capaces de abordar la situación con suficientes habilidades, porque no tenemos estrategias para resolver este nuevo reto.

Lo que sé no me sirve, no me he encontrado nunca en una situación parecida, tengo presión de mi círculo social para que dé con la solución lo más rápido posible, me preocupa lo que los demás dirán de mí si no supero la situación, me fustigo a mí mismo cuestionando si seré capaz…

Todos esos ingredientes, van a propiciar una espiral que se retroalimenta y que nos impide superar el reto en cuestión.

Cuanto más tardo en darle solución, más ansiedad me genera, y cuanto más ansioso estoy, en peores condiciones de desempeño me encuentro y más tiempo tardo en dar con la solución.

¿Cómo rompemos esa espiral?

Si ninguna de las herramientas o estrategias que tenemos a nuestra disposición nos está dando resultado, parece coherente buscar ayuda.

Casi siempre empezamos por nuestro círculo más próximo, la familia y los amigos, ante quienes no nos parece tan grave admitir que no somos capaces de superar algo, o sabemos que tenemos una alta probabilidad de que no serán excesivamente “duros” con nosotros, sino que intentarán entendemos y ayudarnos.

Ése es un paso importante, porque ya hemos detectado que existe una circunstancia que excede a nuestras habilidades y entendemos que necesitamos ayuda. Pero ellos no son expertos y quizá nos aconsejen bien o quizá no.

En nuestros retos vitales, si no consultamos con un experto, no podemos saber si los cambios que hacemos, o las soluciones que intentamos cuando otros nos aconsejan, son realmente las indicadas y las más eficaces en nuestro caso.

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