En un anterior artículo escrito por mi compañero Fernando Miguel les comentamos en qué consistía el esguince de tobillo, una lesión que atañe al complejo ligamentoso que da soporte pasivo en información propioceptiva al tobillo, y que es muy frecuente tanto en la población general como en los deportistas. Dentro de los esguinces de tobillo, con mayor frecuencia éstos se producen a nivel de su cara externa (ligamento lateral externo, aprox. 90%), siendo el más afectado el haz peroneo – astragalino anterior (por mecanismo de inversión y flexión plantar forzada), seguido por el haz peroneo – calcáneo (mecanismos de supinación forzada). El ligamento lateral interno (10%,  también llamado ligamento deltoideo), es menos frecuente, produciéndose por mecanismos de eversión forzada.

Es necesario establecer el grado de esguince, de cara a establecer un plan de tratamiento adecuado tanto a las necesidades del individuo como a una recuperación segura del ligamento, y evitar así futuros esguinces. Para ello realizaremos una exhaustiva historia clínica y exploración física determinada a conocer el mecanismo y estado de la lesión, así como la posible influencia en la perpetuación de los síntomas por parte de otros segmentos de nuestro cuerpo (CONCEPTO DE GLOBALIDAD). Distintas pruebas radiográficas que pueda presentar el paciente ayudará a descartar lesiones óseas asociadas, que ocurren con baja frecuencia y en grados severos (II ó III).

  • Grado I:distensión del ligamento o mínima rotura de fibras, con dolor a la palpación del ligamento, leve edema local y generalmente sin hematoma. El paciente no refiere inestabilidad o es escasa. Respetando los 2 – 3  primeros días de inflamación (proceso necesario en el cuerpo para favorecer los mecanismos propios de regeneración), se trabajará a la mayor brevedad el restablecimiento de la movilidad articular,disminuir el espasmo muscular de defensa o que perpetúan la lesión (músculos peroneos como defensivos y tríceps sural como perpetuador en el esguince de ligamento lateral externo),regeneración de la lesión (técnica de Cyriax), fortalecimiento propioceptivo y tonificación muscular.
  • Grado II:rotura parcial de fibras. El edema es mayor y aparece hematoma. El paciente refiere inestabilidad y pérdida de la función (marcada cojera, dolor en actividades de carga…). Se establecerán procedimientos terapéuticos destinados a disminuir el edema (drenaje linfático),  el hematoma y favorecer la movilidad articular tanto por parte del fisioterapeuta (técnicas de movilizaciónosteopática, técnicas de baja velocidad) como por el paciente (movimientos de “bombeo” sin dolor).Según la evolución integraremos todo el tratamiento del grado I.
  • Grado III:rotura completa de fibras o bien ésta es masiva (manteniendo cierto contacto el ligamento). Gran edema y hematoma. Pérdida de la función y marcada inestabilidad. La primera opción del tratamiento, en función de las necesidades individuales del paciente y estado concreto de la lesión, será la inmovilización con férula, escayola (cada vez menos empleado) o bien el procedimiento quirúrgico. Tras el fin de la inmovilización seguiríamos los pasos de tratamiento expuestos en los anteriores grados.
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