Como hemos dicho en el anterior blog, la forma de pisar al caminar, correr, saltar o bailar, están condicionadas por el equilibrio de las estructuras osteoarticulares, musculares y ligamentosas del cuerpo. Solo con un reparto proporcionado de las cargas se puede prevenir la aparición de las alteraciones y lesiones en la pisada.

Cuando caminamos, los pies son nuestro único punto de contacto con el suelo, por lo que es la primera parte de nuestro cuerpo que siente las fuerzas generadas al caminar.

Durante la marcha el pie pasa por tres fases: la fase de contacto o choque de talón (cuando entra en contacto con el suelo), la fase de balanceo (cuando un pie está en el aire – apoyo unipodal) y la fase de despegue. Es en la fase de contacto cuando el pie soporta tensiones que pueden causar dolor, no solo en el propio pie sino en estructuras a distancia.  

Cada vez que damos un paso, el pie toca el suelo con el exterior del talón, y luego se desplaza hacia abajo y se apoya mientras la pierna gira hacia dentro. Este movimiento se denomina pronación y genera algunas fuerzas que nuestros pies distribuyen para impedir que haya tensiones. Pero si la pronación es excesiva, puede haber más fuerzas que aumenten las tensiones sobre nuestros talones y rodillas. A diario, damos entre 5.000 y 8.000 pasos, lo cual significa que cualquier tensión que experimentemos debido a esto se repetirá una y otra vez, lo cual terminará causando dolor.

En términos generales, se puede afirmar que en el ser humano, al desplazarse (caminar o correr) pueden existir tres tipos de pisada o tipos de apoyo: NEUTRO, PRONADOR Y SUPINADOR.

En Premium Madrid haremos un completo estudio biomecánico de su pisada y determinaremos como apoya su pie en cada paso.

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