El quinto metatarsiano es un hueso que se localiza en el borde externo del pie. Su fractura es muy frecuente dentro del ámbito deportivo, sobre todo en aquellos deportes que requieran acciones de salto y desplazamiento, con cambios de ritmo y dirección (fútbol y baloncesto).

Cuando se produce una fisura o fractura, ésta se puede localizar en la base, en la diáfisis o en el cuello del metatarsiano. Lo más frecuente es que se produzca en la base (Fractura de Jones), que ocurre en un área concreta del quinto metatarsiano (metafisodiafisaria), donde el hueso recibe menos vascularización y por lo tanto tiene más dificultades para su regeneración.

La fractura de Jones se puede producir por estrés (pequeña fisura como consecuencia de impactos repetidos) o de forma aguda (fractura repentina). Esta lesión se repite en numerosas actividades, ya sean cotidianas o deportivas, sin embargo, en la práctica del fútbol es donde tiene más incidencia y donde su rehabilitación adopta un papel más significativo.

El mecanismo de producción en futbolistas está muy relacionado con el apoyo plantar alterado (por ejemplo, un pié cavo) por la forma del calzado deportivo y por su suela; los clavos y tacos irregularmente repartidos hacen que exista una distancia que carece de apoyo entre los tacos delanteros y los del tacón, que dejan desprotegido de apoyo el arco plantar externo y favorece el traumatismo indirecto por mecanismo de palanca, que es precisamente en la base del quinto metatarsiano.

Entre los síntomas que puede presentar el paciente, se describe un dolor agudo, pudiendo ser el culminante a un período de molestias sin que se recuerde el punto inicial de las mismas, lo que se indica que la fractura se ha producido gradualmente, pasando de una fisura a una fractura completa.

A la palpación se refiere un dolor y sensación de pinchazo en el foco de fractura, inflamación y sensibilidad en la parte exterior del pie con dificultad ó incapacidad para caminar. Se suele comprobar con una exploración mediante radiografía simple cuando aparecen las primeras molestias; la imagen confirma el diagnóstico.

Es una lesión que generalmente responde bien al tratamiento conservador pero que requiere un tiempo prudencial de inmovilización para su consolidación definitiva. Respecto a la inmovilización, se suele realizar en descarga (yeso ó férula) con la asistencia de muletas que eviten la carga sobre el pié afecto y la aplicación de frío local durante las primeras 48h tras la fractura para combatir la inflamación y el dolor.

La inmovilización se podrá adaptar con un taco que permita el apoyo parcial según la consolidación de la fractura durante 4 semanas, esto es fundamental para mantener firme y constante el apoyo plantar.

El tratamiento quirúrgico está indicado únicamente en aquellos casos en los que se presenta una fractura conminuta, fractura completa con desplazamiento del fragmento óseo ó en casos en los que, tras un período de inmovilización, la fractura no se ha consolidado adecuadamente y es necesaria la intervención quirúrgica con fijación de clavos de Kirschner.

La aplicación de ultrasonidos y de magnetoterapia (terapia basada en la aplicación de campos magnéticos) nos ayudará a la regeneración ósea y a la rápida formación de callo óseo. Cuando se permita la movilización y haya remitido el edema, se comienza con movilizaciones analíticas de todos los huesos de pie y tobillorealizadas por el fisioterapeuta para evitar la fibrosis, junto con ejercicios activos por parte del paciente (isométricos de pie y tobillo e isotónicos de cadera y rodilla).

Cuando la fractura está consolidada y se autoriza el apoyo en carga; se comienzan a realizar ejercicios de deambulación y apoyo completo del pie, durante este fase se continúa con la tonificación muscular, realizándose ejercicios en carga de gemelos, cuádriceps e isquiotibiales, así como ejercicios de propiocepción y equilibrio que iremos dificultando por medio de plataformas inestables y otros estímulos externos.

Durante el proceso de rehabilitación evitaremos las compensaciones musculares y la tensión excesiva de cierta musculatura que nos pueda ocasionar problemas a medio plazo durante el tratamiento, especialmente del músculo peroneo lateral corto y tibial posterior, los cuáles que deben tener un correcto estado muscular para conseguir una buena readaptación y no ocasionar en un futuro disfunciones a nivel del pie.

Algunas complicaciones que nos podemos encontrar y que nos pueden llevar a realizar una intervención quirúrgica, son:

· Retardo de consolidación (una de las más frecuentes), debido a la tracción que el tendón del músculo perneo lateral corto ejerce sobre el fragmento desprendido, dificultando el contacto y la consolidación de la fractura.

· La rigidez articular y la algodistrofia, derivadas de una inmovilización prolongada, que tendremos que tener en cuenta en nuestro tratamiento.

En el centro médico y de fisioterapia PREMIUM MADRID estamos cualificados para tratar este tipo de lesión así como otras derivadas de la actividad deportiva, estando a tu disposición para cualquier tipo de tratamiento. Cuéntanos tu caso.

BIBLIOGRAFÍA:

Libros:

Xhardez Y., Vademecum de kinesioterapia y reeducación funcional, Ed. El Ateneo. Argentina, 1997.

Ricard F., Colección de Medicina Osteopática. Pie y Tobillo, EOM. España, 2012.

Páginas Web:

www.foothealthfacts.org

www.austinregionalclinic.com

Medline Plus

IMAGEN:

www.foothealthfacts.org

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